El niño saltaba entre los matojos, corría detrás de los
insectos, rodaba por la colina, reía fuertemente y la miró.
Ella tenía unos ojos que miraban sin ver.
El niño se acerco despacio y la tiró de la manga.
Ella volvió a la realidad.
Aunque todavía quedaban en su mente restos de esos
recuerdos.
De todas esas veces que había saltado entre los matojos, de
todas esas veces que había corrido detrás de insectos, de todas esas veces que
había rodado por la colina, de todas esas veces que había reído hasta quedarse
sin respiración.
Y de todas esas veces que había mirado a la gente con la
misma inocencia que la miraba ahora el niño.
Le cogió en brazos, sonrío, y dulcemente le susurro al oído
algo que su madre la dijo años atrás, algo que antes no había entendido, pero
que ahora, iluminaba su alma:
“Amor.
Corre, corre hasta que no te queden fuerzas.
Grita, grita hasta que se apague tu voz.
Ríe, ríe hasta que no puedas respirar.
Nunca dejes que nadie te quite lo que tienes ahora”

Mu bueno :)
ResponderEliminarGracias ^^
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